El peligro de criticar a nuestros hijos
Existe una gran diferencia entre arremeter con críticas insensibles y reprender con respeto y amor.
David tuvo su primer accidente automovilístico dos meses después de obtener su licencia. Llamó a su padre desde el lugar del accidente, le aseguró que nadie resultó herido y le dio la noticia de que el coche quedó bastante dañado. “Sabía que no debía dejarte sacar la licencia tan joven”, se enfureció su padre. “Simplemente no eres una persona suficientemente cuidadosa”.
Sara volvió a olvidarse su almuerzo. Su mamá, que siempre se lo lleva a la escuela cuando Sara lo olvida, le entrega el almuerzo y le dice: “Te olvidarías la cabeza si no la tuvieras pegada al cuerpo”.
La crítica es la forma más rápida de disminuir la imagen que una persona tiene de sí misma y de envenenar una relación.
La crítica es la forma más rápida de disminuir la imagen que una persona tiene de sí misma y de envenenar una relación. A nadie le gusta estar cerca de una persona criticona. A nadie le gusta aprender de un padre o un maestro crítico.
Si bien la Torá nos ordena reprender a nuestro prójimo cuando se comporta de manera incorrecta (“Reprenderás a tu prójimo”, Levítico 19:17), también nos dice cuán diplomáticamente debemos hacerlo. Hay una gran diferencia entre arremeter con críticas insensibles y reprender de una manera que muestre respeto, preocupación y amor.
La crítica insensible puede consistir en señalar lo que no te gusta de manera no constructiva, buscar defectos, juzgar, desaprobar o poner etiquetas:
“¡NUNCA te acuerdas de hacer tu cama!”
“¡SIEMPRE eres tan cruel!”
“¿No puedes jugar bien POR UNA SOLA VEZ?”
“¡Hacer eso fue muy TONTO!”
La crítica frecuente desgasta la autoestima. Incluso un solo comentario hiriente puede quedar grabado en la conciencia de un niño para siempre.
Las palabras tienen peso
Nuestras palabras hacia nuestros hijos tienen muchísimo peso. Si les decimos que son malos, desconsiderados o irresponsables, ellos incorporarán eso como parte de su autoimagen.
El aliento construye la autoestima, la crítica la destruye
¿Sentido común, dices? Lamentablemente, los padres con demasiada frecuencia se molestan y se frustran, y se olvidan de hablar de manera alentadora. Es bastante difícil estar siempre conscientes de la forma en que formulamos lo que decimos a nuestros hijos.
Las directrices de la Torá
La Torá nos da directrices respecto a cómo reprender a nuestros hijos cuando han hecho algo mal. Por ejemplo, el Talmud enseña que no se debe reprender cuando el padre está enojado (Shabat 105b). Un padre puede fingir enojo para hacerle entender al niño la gravedad de lo que hizo, pero debe ser solo enojo del rostro y no enojo del corazón.
Escuché una historia sobre un rabino que esperó dos semanas antes de llamar a su hijo para hablar de algo que le había provocado mucha ira. Al padre le tomó todo ese tiempo llegar a un punto en el que sintió que podía hablar con su hijo de la manera correcta. ¿Tenemos nosotros ese autocontrol emocional?
Hay otra historia sobre un rabino en una escuela judía que tenía lo que él llamaba su “chaqueta de disciplina”. Cuando necesitaba disciplinar a su clase, iba a su armario, se quitaba su chaqueta habitual y se ponía la chaqueta de disciplina. Él explicó que el tiempo que le llevaba ese ritual solía ser suficiente para calmarse un poco y pensar cómo formular lo que necesitaba decirle a la clase. ¡Imaginen la lección que estos niños aprendieron sobre no hablar en el calor del momento!
El reproche también debe hacerse en privado para no avergonzar.
La Torá también enseña que el reproche debe hacerse en privado para no avergonzar al niño (ver Maimónides, Leyes del Desarrollo del Carácter, 6:7). E incluso en privado, se debe tener mucho cuidado de no humillar. Di lo mínimo necesario para transmitir el mensaje de manera efectiva.
El reproche debe transmitirse de forma agradable y suave. Los niños aprenden a desconectarse de los padres que gritan y no aprenden de ellos. Gritar también puede decirle a un niño: “No me gustas”.
(Las leyes sobre cómo reprender adecuadamente son muchas y demasiado detalladas como para incluirlas en este artículo, pero hay libros que las analizan en profundidad).
En resumen, en la medida en que, como padres, tengamos control sobre nuestro propio enojo y la capacidad de pensar antes de hablar, en esa misma medida podremos reprender adecuadamente a nuestros hijos.
Cuando consideramos cuidadosamente el efecto de nuestras palabras en el concepto que nuestros hijos tienen de sí mismos, con suerte nos sentiremos motivados a alejarnos de la crítica dañina y a pasar a formas de reprensión más constructivas y alentadoras.
Versión original: Aish Latino escrito por Jana Heller
